Panda Raid 2019: aventura solidaria en el desierto

Texto de Isaac García, Analista en OpenSistemas y participante de Panda Raid 2019

Panda Raid: nombre compuesto que proviene de Raid (que se recorre una gran distancia) y Panda (10. f. reunión de gente para divertirse).

Hace 2 meses, cuando a mi hermano y a mí nos cayó del cielo la oportunidad de participar en el Panda Raid, no dudamos ni un segundo y aceptamos el reto. ¡Sí, quiero!

Aquella noche no teníamos muy claro dónde nos estábamos metiendo, pero una cosa estaba clara: necesitábamos un Fiat Panda o un Seat Marbella anterior al año 2000, capaz de pasarse 10 días funcionando por Marruecos sin parar de moverse y recorrer cerca de 4.000 kilómetros por asfalto, piedras, rocas, arena y alguna duna.

Durante los siguientes días, se lo contábamos emocionados a los amigos y sus preguntas eran las siguientes:

¿Has corrido un rally alguna vez? No. ¿Y tú hermano? No

¿Sabes de mecánica? No. ¿Y tú hermano? Menos.

¿Tienes algún amigo que vaya y os ayude? No. ¿Y tú hermano? No.

Imaginaros la cara de la gente, especialmente las de nuestros padres. Yo les decía que era una aventura, pero una aventura controlada.

Tras varios días viendo coches en los que lo único que sabíamos probar eran las luces y el limpia, tomamos una decisión bastante acertada: alquilar el coche. Una vez tuvimos el coche, y analizando que la ruta pasaba por zonas muy apartadas de la principales ciudades, pensamos que esta aventura podría mejorar si le añadíamos un toque humanitario. En ese momento fue cuando hablamos con OpenSistemas y les propusimos que colaboraran con nosotros aportando material escolar y financiando parte de la aventura.

Ya lo teníamos todo: coche, material escolar, piloto y copiloto. Tocaba esperar a la salida, que fue el 8 de marzo. Partimos 200 Pandas desde el circuito del Jarama con destino a Motril, donde nos esperaban otros 200.

Los primeros días, nos levantábamos a las 6 de la mañana con un claro objetivo: disfrutar, conducir y conseguir quedar bien clasificados. Y así fue: el segundo día conseguimos quedar a 3,5 segundos del primero. ¡No nos lo creíamos! Hasta que el cuarto día empezó realmente la aventura…

Al entrar en una duna con más decisión de la necesaria, nos quedamos clavados en un badén. Al salir vimos que las ruedas delanteras ya no eran tan delanteras; no podían girar sin rozar contra la chapa del coche. Nos tuvieron que remolcar para salir de la duna y, una vez fuera, la gente se acercaba para ayudarnos, pero poco conseguimos. Hasta que llegaron dos 4×4 gigantes de la organización que se ofrecieron a enganchar cada uno por un eje del coche y tirar en sentido contrario. Sí lo que te estás imaginando, como si fuera una tortura con dos caballos tirando uno de cada brazo. ¡Sorprendentemente funcionó! Las ruedas delanteras volvían a ser delanteras y volvíamos a tener coche. Pero ese día ya no pudimos puntuar y fue el punto de inflexión del rally.

A partir de ahí seguimos corriendo buscando buenos puestos, pero como se suele decir, guardando mecánica. Así que terminamos en la posición 158 de 400. Aquella entrada en la arena nos costó unos 120 puestos en la general.

Han pasado un par de semanas desde que volvimos y tengo la misma sensación que cada vez que salgo del viejo continente: vivimos en una burbuja que nos mantiene felices, pero de la que hay que salir de vez en cuando, para liberarse, para conocer cómo vive el resto del mundo, vivir aventuras y desventuras, probar comida nueva, dormir donde no hubieras pensado dormir y sobre todo… salirse de la carretera asfaltada y descubrir que hay un montón de pistas de piedras y arena que te pueden llevar a tu destino, más lentas e incómodas, pero más divertidas.

.